El empeño de un grupo de voluntarios comprometidos con el rescate de tortugas marinas, especies que en Venezuela se encuentran en peligro de extinción, hizo que las autoridades regionales del estado Vargas tomaran la decisión de hacer cumplir la norma que ya existía para protegerlas. Hoy, los 3,7 kilómetros de la playa de La Sabana son un área protegida para el desove de los quelonios

Los 3.700 metros de la playa del pueblo de La Sabana, en la parroquia Caruao, al este del estado Vargas, lucen interminables. Es una franja rica en verdes por su frondosa vegetación llena de uveros y por sus manglares; con una arena delicada y una brisa arrolladora que impregna de salitre. No solo es un espacio apreciado por residentes y turistas, sino que, por siglos, ha sido el hogar de las tortugas marinas, especialmente las especies cardón o laúd y la tortuga verde.

La costa llegó a ser una especie de santuario, donde volvían a desovar las tortugas que habían nacido en esa orilla.

Pero en la última década, la magia parecía perdida. La costa empezó a ser ocupada por vehículos rústicos, cuyos conductores encontraban en esa enorme extensión, especialmente en la zona conocida como La Boca de La Sabana, una pista para competir, un área para “rustiquear”. La falta de empatía humana con la naturaleza alejó a las tortugas marinas.

Sin embargo, alguno que otro espécimen volvía a la zona de La Boca, pero sus nidos no corrían suerte: eran saqueados por cazadores o destruidos por la pisada de los cauchos de los vehículos que llegaban hasta la orilla.

Pero eso cambió en febrero de este año. “Logramos, a través de mesas de trabajo con la gobernación, limpiar la playa, cerrar los accesos vehiculares y que se cumpliera la Ley del Ambiente y la de Costas. Elevamos la voz y no nos quedamos tranquilos hasta que lo logramos. Desde marzo, la playa de La Sabana volvió a ser una zona protegida. Una zona rescatada para el desove de las tortugas marinas”, cuenta con orgullo Pedro Luis Pérez Izaguirre, integrante de la Fundación Luz Marina y principal promotor del movimiento de protección de tortugas marinas en La Sabana. 


Desde que yo era niño, en La Sabana se han visto tortugas. Y ante el riesgo de que dejen de existir, yo asumí formarme para ser parte de quienes las cuidan y protegen

Pedro Pérez Izaguirre, activista ambiental de La Sabana

Pérez Izaguirre, su pareja Marina Blanco, Chelo Sánchez y Braulio Castillo, acompañados de una veintena de voluntarios y el aporte del equipo Viajando 4×4, promotores del turismo ecológico y camping, quienes apoyan para el mantenimiento de un nidario, son la cara visible de los ambientalistas de La Sabana, que durante la temporada de desove, anidación y eclosión recorren los 3.700 metros de playa, buscan nidos, rescatan huevos y los llevan al nidario cerca de la casa de Pérez Izaguirre. 

Una vez nacen los tortuguillos, con bandera de Venezuela en mano y con niños de La Sabana, se hace la liberación de los pequeños reptiles, que inician su carrera al océano bajo la mirada orgullosa de estos proteccionistas.   

Lo que empezó con un taller

En Venezuela se encuentran cinco de las siete especies de tortugas marinas que existen en el mundo. De estas cinco, cuatro son asiduas visitantes de la Costa Verde de Vargas: la tortuga cardón, la tortuga verde, la tortuga carey y la tortuga cabezona. Actualmente, todas ellas se encuentran en peligro de extinción y están registradas en el Libro Rojo de la Fauna Venezolana, donde se recopilan las especies que corren el riesgo de desaparecer, texto editado por la ONG Provita. Justamente, la vida de Pedro Pérez Izaguirre cambió el día en que hizo un curso con esta organización y le hablaron de tortugas marinas. Eso ocurrió hace 17 años. 

“Ese taller me hizo preguntar qué estaba haciendo yo frente a la contaminación, frente al daño ambiental. Desde que yo era niño, en La Sabana se han visto tortugas. Y ante el riesgo de que dejen de existir, yo asumí formarme para ser parte de quienes las cuidan y protegen. Ser un agente multiplicador”, cuenta el hombre, mientras muestra los 12 nidos de tortugas marinas de las especies cardón y verde que, hasta el 14 de mayo, estaban bajo su cuidado. 

“Lograr sacar los carros de la playa ha sido increíble, porque los avistamientos de tortugas y la cantidad de desoves se han multiplicado. Y no es un tema de capricho, sino de conciencia. Hay que hacer ver al hombre que debemos compartir el planeta”, acota Braulio Castillo, un artista circense que llegó a La Sabana hace 12 años desde Perú, en una convención de circo, y decidió quedarse en el pueblo costero al conocer la cruzada de Pérez Izaguirre. 


Hoy le devolvimos la playa de La Sabana para compartirlas con las tortugas, pero hay mucha invasión y mucho ecocidio que no está siendo enfrentado

Pedro Pérez Izaguirre, activista ambiental de La Sabana

Tanto Castillo como Pérez Izaguirre coinciden en que la conquista de la playa de La Sabana, si bien tuvo mucha relación con el ejercicio de la terquedad de ambos, saben que el lograr una respuesta institucional de los gobiernos regional y municipal del litoral central, fue clave.  

“El gobernador José Alejandro Terán, el representante regional del Ministerio del Ambiente, el secretario de Seguridad Ciudadana, Andrés Goncalves, el equipo de la Misión Nevado. Ese apoyo institucional fue fundamental. Sin embargo, hay mucho más que hacer, mucho más porqué luchar. Hoy le devolvimos la playa de La Sabana para compartirlas con las tortugas, pero hay mucha invasión y mucho ecocidio que no está siendo enfrentado. Nosotros estamos haciendo nuestra parte, esperamos que las autoridades hagan la suya”, agrega Pérez Izaguirre. 

Por lo pronto, en La Sabana, los voluntarios siguen sus caminatas nocturnas. Siguen vigilantes ante la llegada de las tortugas y tratan de actuar a tiempo para salvar los huevos. Esperan seguir recibiendo la visita de los grandes quelonios en esa zona protegida, regalo de la naturaleza.

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