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martes, 17 mayo, 2022

1.800 familias conviven con un basurero gigante en Maracaibo

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No lo es, pero funciona como un relleno sanitario. Allí, en plena vía pública, sobre la avenida La Limpia y frente al distribuidor Humberto Fernández Morán, se encuentra este foco de contaminación que afecta la salud de los residentes de las urbanizaciones Tierra del Sol, Villa Maracaibo y del barrio Francisco de Miranda. En este sitio hacen vida los que transportan la basura, los que escarban, los que comen de ella, quienes se “pelean” con los zamuros, las moscas y ratas la propiedad de los desechos

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Un hombre camina sudoroso, sin camisa, por la calle de doble vía que separa las villas Tierra del Sol del barrio Francisco de Miranda, en la parroquia Raúl Leoni de Maracaibo. Empuja una carretilla vacía; sin embargo, se nota apresurado como si tuviese algo pendiente.

De repente, un carro, conducido por una mujer, se detiene a su lado. Ella baja el vidrio lateral derecho sin tomar ninguna precaución y le habla al desconocido.

Son las 11:00 de la mañana del sábado 10 de agosto, y la calle exhibe un trajinar de gente que va y viene empujando carretillas, coches de bebé, carretas…

–¿Usted saca la basura de las casas? Estoy recién mudada al barrio y me han dicho que por aquí hay gente que hace ese servicio.

–Sí, yo hago ese trabajo.

–¿Cuánto cobra por el viaje?

–5.000 bolívares.

–¿Y dónde la echa? ¿Allí? –pregunta la mujer, mientras extiende su brazo hacia adelante, precisando un punto que todos conocen. El hombre asiente con la cabeza.

A lo lejos, una carreta desvencijada, tirada por un burro, hace su aparición. Es un “burrero”. Viene de recorrer las calles del barrio y lleva la carga completa. Varias bolsas, con capacidad para 200 kilos, colman el destartalado transporte, pasa por nuestro lado y avanza bamboleándose rumbo al terreno. Le seguimos con la mirada hasta que desaparece entre escombros y basura.

Desde ese lado, uno de los agujeros que ha abierto la gente para acceder al robusto vertedero de basura, la vista no encuentra fin. Por más que lo intenta, no logra esquivar los cerros de desechos, de comida putrefacta, de restos de muebles, artefactos eléctricos, cauchos y piezas de automóviles cercados en algunos tramos por una pared de bahareque en el que se lee: “Maracaibo, gobernar es hacer”.

Son dos hectáreas y media de podredumbre, de miseria, que laten plenas y vivas frente al distribuidor Humberto Fernández Morán –bautizado así en honor al médico zuliano inventor del bisturí de diamante–, a pasos del Centro Comercial Galerías, a una cuadra del Centro Médico Los Olivos, al lado de las casas de Tierra del Sol y a 100 metros del barrio Francisco de Miranda, donde habitan 1.600 familias.

Episodio 1. ¡Ave, santa basura!

Lunes 5 de agosto. El equipo de El Pitazo acudió a los alrededores de la urbanización Tierra del Sol para corroborar lo que ya un propietario de estas viviendas les había comunicado por teléfono: “Necesitamos su apoyo. Nos estamos ahogando, ya no podemos más con el problema del botadero de basura que tenemos al lado”.

Un niño de unos 12 años escarbaba en la basura cuando llegamos esa mañana del lunes. Un poco más hacia lo profundo del botadero, dos hombres hacían lo propio. Los vecinos aseguran que allí conviven adultos y niños sin ser familia. El agujero de un tramo de bahareque, que aún se mantiene en pie intentando frenar la basura que amenaza con desbordarse, permitió ver el campamento improvisado que ha levantado algún indigente en el botadero: dos chinchorros raídos y traslúcidos y unos utensilios para comer que reposan sobre el barro.

El ambiente está impregnado de un olor agrio, putrefacto, de animales muertos y heces humanas, mezclado con el que desprenden los restos de basura aún humeantes. Es casi imposible permanecer más de 10 minutos sin ahogarse, sin arquear. Las moscas se estrellan contra la humanidad de los visitantes y palomas y zamuros revoletean la zona comiendo cada cual lo suyo.

Al frente de este espectáculo dantesco, al atravesar una estrecha calle interna que separa el terreno del estacionamiento posterior del Centro Comercial Galerías Mall, se encuentra una parada de taxi. Unos 25 metros a la derecha, otras siete líneas de transporte urbano tienen sus paradas. Ellas, junto a las rutas que pasan por la avenida La Limpia, como 5 de julio y Patrulleros – Galería, mueven diariamente unas 3.000 personas que, desde ese punto, hacen su trasbordo para el norte, sur y oeste de la ciudad. Es una esquina de esas que llaman calientes.

Por eso, cada vez que queman la basura, y dependiendo de la dirección del viento, la gente debe retirarse de las paradas y buscar otro lugar donde aguardar por el transporte. Es una de las tantas dinámicas del sector que se ven afectadas por lo que ocurre en ese terreno sin ley.

Episodio 2. Comunidad que desecha unida…

Jueves 8 de agosto. Son las 11:00 de la mañana y una pala mecánica encaja sus fauces en las profundidades del gran agujero. Está hambrienta y tan urgida como los propietarios del centro comercial por salir de la basura que generan los pocos comercios que quedan en sus instalaciones. Los camiones del aseo no pasan nunca y para salir de la basura hay que pagar un transporte privado… ¿La alternativa más económica? El terreno, pues.

Ese lugar, junto con el área donde se construyó el Centro Comercial Galería, conforman la zona donde funcionó, por unos 30 años, el hipódromo de La Limpia, antecesor del de Santa Rita, escenario de grandes carreras y de destacados protagonistas del hipismo nacional.

El 4 de noviembre de 1988, el hipódromo dejó de funcionar y los terrenos pasaron a ser administrados por el Centro Rafael Urdaneta (CRU), organismo adscrito a la Gobernación del estado Zulia, responsable de administrar los espacios urbanos del municipio Maracaibo.

Los habitantes de las casas de Tierra del Sol, II etapa, desconocen quiénes son los dueños de los terrenos del vertedero de basura. Cuentan que el CRU entregó en un solo lote, y a los mismos empresarios, las hectáreas donde se levantó, en diciembre de 1996, el Centro Comercial Galerías. Allí, donde está el vertedero de basura, supuestamente construirían un hotel; otros dicen que la ampliación del centro comercial. Ambos planes explican la existencia del gran agujero. Otra versión indica que el actual propietario del sitio es el gobierno regional, que lo habría expropiado a los anteriores dueños.

Cualquiera sea la situación, de lo que sí están seguros los habitantes de Ciudad el Sol, la urbanización Maracaibo y del barrio Francisco de Miranda es que el condominio del centro comercial, cuando la basura se acumula en sus áreas, la llevan al terreno y luego “colabora” con la pala mecánica para moverla y acumularla en un espacio donde le prenden fuego. Una vez más, el humo cubre las viviendas, las paradas del transporte y al barrio. Sus efectos dañinos para la salud se extienden por kilómetros.

Y precisamente fue eso lo que corroboró el equipo de El Pitazo ese jueves 8 de agosto, a la 1:00 de la tarde: desde la parte alta del distribuidor podía apreciarse cómo un humo blanquecino se desprendía de una montaña de basura que ardía en llamas y se desplazaba cual niebla contaminante hacia las viviendas aledañas.

Sin embargo, el incendio de los desechos no tiene autores exclusivos; puede ser cualquiera que necesite deshacerse del exceso para seguir vertiendo sobre el terreno.

Episodio 3. Seis años respirando humo

Mientras los habitantes de Maracaibo se preparaban para despedir el año viejo, el pasado 31 de diciembre de 2018, los residente de Tierra del Sol corrían de un lado a otro intentando apagar el fuego de la basura que se había iniciado más temprano. “Nos dieron las 10:00 de la noche”, recuerda Ángel Navarro, quien no puede ocultar su molestia y cansancio por siempre repetir lo mismo, sin que haya soluciones.

La gente de Tierra del Sol es la más afectada de toda esta historia. Son los que viven más cerca: justo al lado, son vecinos de este caos.

“La situación es crítica. Desde hace unos seis años estamos viviendo esta tragedia del terreno”, afirma María de Rondón, quien fuera presidenta de la junta de condominio de la residencia. Explica que durante su gestión se enviaron cartas a la Gobernación del estado Zulia, a la Alcaldía de Maracaibo y al Ministerio del Ambiente para que atendieran el problema, y nada se logró.

“Mientras no recojan la basura en las casas, esto nunca se va a acabar”, alega. Y tiene razón. Al vertedero llega gente, no solo de los alrededores inmediatos, sino de zonas residenciales ubicadas a cuatro kilómetors de distancia, como Ciudadela Farías.

El plan de recolección puesto en marcha por el alcalde Willy Casanova, anunciado como una novedad el 28 de agosto de 2018 –recogido en el decreto municipal número 029– próximo a cumplir un año, no ha llegado a las casas de los marabinos. Pueden verse cuadrillas en algunas plazas y calles, pero los camiones no llegan a las residencias, así que la gente hace lo que sea para sacar de sus casas la basura.

La presidenta de la actual junta de condominio de las Villas Tierra del Sol, Yajaira Inciarte, confirma lo dicho por su predecesora: “También durante mi gestión hemos llevado nuestros problemas a las instancias correspondientes, pero no nos resuelven. Por eso acudimos a los medios a ver si mediante la denuncia logramos que nos pongan atención; de lo contrario, tendremos que buscar resolver como lo hace todo el mundo en este país, cerrando calles y quemando cauchos. Lo más grave es que ya hay niños sufriendo de asma por el humo que sale permanentemente de la basura”.

Algunos de los vecinos han tenido que mudar a sus padres para alejarlos de los efectos del humo y hasta los bomberos han llegado en dos oportunidades, pues las llamas se han hecho incontrolables: en una oportunidad, por los agujeros de desagüe del patio de las casas que colindan con el basurero, entraron llamas.

–¿Cada cuánto tiempo queman la basura?

–La situación es insoportable, porque lo hacen entre cuatro y seis veces a la semana. Es impredecible, ocurre hasta de madrugada–, responde Nelo Ríos, vecino de María y de Yajaira. Refiere que la situación es más angustiante, porque con los cortes de luz la gente abre las ventanas, pues el calor es insoportable, y lo que respira es el humo contaminado del aire. “Estamos condenados a tragar humo a toda hora”.

En vista de que ninguna dependencia ni representante de los gobiernos locales han atendido su solicitud, algunos vecinos han intentado conversar con los “burreros”, pero ha sido en vano y hasta peligroso. “Un día le reclamé a un burrero y me dijo que buscara mi muerte natural. De seguir así, vamos a llegar a una situación peor, a que tomemos la ley por nuestras manos”, comentó Ángel Navarro.

Esta historia continuará…

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