¡Contamos victorias! La octavita de nuestra alegría olímpica

El 8 de agosto se apagó la llama olímpica de Tokyo 2020, pero en los venezolanos la alegría que nos dieron los nuestros allá se mantiene viva. Esta semana cerramos las victorias olímpicas contando que el esfuerzo de los atletas venezolanos es por sí solo un triunfo que todos celebramos con alegría, algunos con alegría llorona

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El 8 de agosto se apagó la llama olímpica de Tokyo 2020, pero la alegría venezolana por la actuación de nuestros atletas se mantiene viva | Foto: Twitter @diazkarate

Caracas.- La semana pasada celebramos las medallas y los diplomas olímpicos que nuestros atletas venezolanos alcanzaron con sus destacadas actuaciones en Tokyo 2020. Todos saltamos de alegría (aunque nunca tan alto como ella) para celebrar la medalla dorada y los récords olímpico y mundial de nuestra Yulimar de Oro. Rezamos como su madre para que Daniel Dhers no se cayera de su «bici» y tensamos los músculos cuando Julio Mayora y Keydomar Vallenilla alzaron ese pocotón de kilos.

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Pero la alegría que nos dieron los nuestros en estos Juegos Olímpicos no fue solo por quienes se subieron al podio o recibieron diplomas. La alegría llorona nos la regalaron aquellos que se esforzaron un mundo para lograr su clasificación a Tokyo 2020. Nos la regaló Paola Pérez nadando por dos horas y cinco minutos en aguas abiertas luego de haber sufrido hipotermia en los Juegos Panamericanos de Lima en 2019. Nos la dio Andrés Lage dirigiendo su vela luego de dormir en furgonetas para ahorrar dinero y poder ir a competencias por cuenta propia. Nos la causó Ahymara Espinoza rompiendo su propia marca en lanzamiento de bala pese a tener que trabajar como taxista para costearse sus zapatos deportivos y entrenar en un estadio abandonado de Barlovento.

La alegría llorona que nos erizó la piel y nos enalteció el orgullo también se la debemos a nuestro sensei Antonio Díaz, a quien rindieron honor y respeto los que sí se subieron al podio por sus actuaciones en kata, porque saben que él vale mucho más que una medalla olímpica. Se la debemos también a Claudymar Garcés, una muchachita que peleó con su alma en honor a su abuela recién fallecida. Se la debemos a todos esos atletas que, pese a tantas dificultades, hicieron la mejor representación venezolana en unos Juegos Olímpicos y hoy gran parte de ellos vuelve a casa por Maiquetía. Ellos demostraron que somos mucho más que la crisis que vivimos. Ellos nos dieron la alegría llorona que tanto necesitábamos para aplacar un poco el llanto que es de tristeza.

Alguien podría pensar que hacemos mucha alharaca por la actuación de los nuestros en las olimpiadas que recién terminaron, pero no es por presumidos. Lo celebramos en grande porque sabemos lo que significa entrenar en un país con Emergencia Humanitaria Compleja. Imaginamos lo difícil que es tener que haber emigrado para poder entrenar en mejores condiciones dejando atrás a los afectos. Lo imaginamos porque todos tenemos un afecto migrante, o quizá ese migrante somos nosotros. Por eso, el solo hecho de haber tenido representantes en Tokyo 2020 significa para nosotros la victoria nacional más bonita que hemos celebrado en pandemia. ¡Gracias, queridos atletas!

¿Conoces otras victorias de venezolanos alcanzadas dentro o fuera del país? ¡Queremos conocerlas! Escríbenos a [email protected] ¡Hasta la próxima semana!

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