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domingo, 20 septiembre, 2020

Habitante de Mata Redonda: “Los relámpagos anunciaron que comenzaría la pesadilla”

El 1° de septiembre las fuertes lluvias inundaron las casas del 95% de las 274 familias que habitan este urbanismo, ubicado al sur de Maracay. Cuando el cielo se pone gris los vecinos temen que el río Madre Vieja se desborde y el agua entre a sus hogares. Desde el 11 de agosto de 2006, los habitantes de la urbanización esperan que se cumpla la sentencia del TSJ que ordena la indemnización de los afectados

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Cuando Sol García comenzó a escuchar los truenos a partir de las 8:00 pm del 1° de septiembre presintió que la noche sería larga en la urbanización Mata Redonda. La lluvia le hizo pensar que se iría la luz, como cada vez que cae un palo de agua. Sin embargo, la energía eléctrica se mantuvo y la llovizna se hizo más intensa, así como los relámpagos.

“En casa íbamos a cenar mi esposo, mi hija y yo cuando escuchamos fuertes truenos. Esto nos hizo pensar que vendría un aguacero. Inmediatamente pensé que se inundaría la calle. Los relámpagos anunciaron que comenzaría la pesadilla otra vez”, relató.

Y así ocurrió. La urbanización Mata Redonda, ubicada en el sur de Maracay, en el estado Aragua, comenzó a inundarse poco a poco. Primero fueron las calles y avenidas. Luego los patios. Hasta que a las 2:30 de la madrugada del martes 2 de septiembre el agua estaba dentro de las casas.

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El río Madre Vieja se desbordó hacia el urbanismo. Las bombas de achique, que construyeron en la zona para sacar las aguas hacia el lago, estaban apagadas.

Dentro de las viviendas el nivel de las aguas sobrepasó los 30 centímetros. En las zonas más bajas los vecinos improvisaron flotadores con pedazos de anime y tapas de tanques para rescatar a niños y ancianos.

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«Gracias a Dios estábamos despiertos y actuamos rápido. Subimos la nevera en unas gaveras, pero las cosas de madera se abombaron y las puertas de las habitaciones no cierran bien. Una pared está muy deteriorada por la humedad y los pisos de cerámica están rotos. Conoceremos los daños cuando el agua baje», comentó aún con angustia.

Cuatro días después del aguacero, la calle ubicada en la manzana 16 de Mata Redonda, donde vive Sol, todavía está inundada con una mezcla de aguas de lluvias y aguas negras.

En la cuadra viven 26 familias de un total de 274 que todavía habitan en la urbanización. La mayoría son propietarios y otros en situación de alquilados. Al menos 60% son personas de la tercera edad.

Los vecinos improvisaron botes para rescatar a niños y adultos de las zonas más afectadas. | Foto Cortesía vecinos

El año que vivieron en refugios

«Hemos vivido esto muchas veces», recuerda con resignación Sol. En 2012 las intensas lluvias fracturaron el muro de contención que protege al urbanismo del Lago de Valencia. El gobernador de entonces, Rafael Isea, ordenó trasladar a 600 personas hacia refugios militares, hoteles y moteles de la ciudad, mientras el Ejecutivo regional canalizaba una vivienda para los afectados. Eso tampoco ocurrió.

«En octubre del año 2012 nos llevaron a un refugio. A nosotros nos tocó ir al hotel Princesa Plaza, en el centro de Maracay, donde estuvimos hasta marzo de 2013. Los que estábamos allí éramos propietarios, pero solo dieron apartamentos a los que vivían alquilados. A nosotros nos dijeron que debíamos regresar a nuestros hogares», comentó la habitante de Mata Redonda, quien señaló que las promesas quedaron en el limbo.

Sol García es docente. Ha vivido 18 años en Mata Redonda, 2 como alquilada y 16 como propietaria. Ella y sus hermanas (que ahora están en el extranjero) lograron adquirir la vivienda con mucho esfuerzo. Esta casa, agrega, es el único patrimonio familiar. “Por eso no la puedo abandonar”, dice Sol que, a sus 43 años de edad, ha comprometido su salud al habitar un lugar que no reúne condiciones dignas de vida.

En este lapso ha sufrido de dengue en siete ocasiones por la proliferación de zancudos y la falta de fumigación y limpieza por parte de las autoridades. También desarrolló asma por la humedad y el moho permanente, además que padece osteoartritis generalizada y tiene hernias, tres discales en la cervical y otra lumbar.

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La sentencia incumplida

El 11 agosto de 2020 se cumplieron 14 años de la sentencia N° 1.623 del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que ordenó la indemnización de las familias afectadas por la crecida del lago de Valencia. Aún los afectados, entre ellos los habitantes de Mata Redonda, esperan que se cumpla la medida.

El texto reconoce, garantiza y concede el restablecimiento del valor económico de cada una de las viviendas, “de manera que todos los sujetos lesionados y no solo los demandantes, puedan obtener un estándar de vida y una vivienda similar a la que tenían antes de la violación a sus derechos”.

La orden no fue cumplida en su totalidad por los gobiernos de Didalco Bolívar (1996-2008), Rafael Isea (2008-2012), Tareck El Aissami (2012-2017) y Rodolfo Marco Torres (2017-actualidad).

Sol espera un milagro

“Todos los días le pido a Dios para que nos ayude a salir de aquí, porque esto no es vida. Siempre que llueve es una zozobra, no dormimos y nos enfermamos. Tenemos dos noches que no dormimos pendientes de la lluvia”, indicó Sol.

A la espera de que se cumpla la sentencia del TSJ y poder salir del urbanismo han muerto ancianos a quienes no se les cumplió el sueño de tener un nuevo hogar, lamentó. “Necesito irme por la salud física y mental de mi familia. Deseo que mi hija tenga otra oportunidad en un mejor lugar”.

La urbanización Mata Redonda en su momento fue modelo en Maracay y alternativa para jóvenes profesionales aragüeños. En la actualidad es un urbanismo en ruinas, con casas destruidas por el lago o tragadas literalmente por la maleza y la bora. No cuenta con servicio de Cantv y la conexión a internet es intermitente. Tampoco hay recolección de basura y el sistema de cloacas está colapsado. El lugar se ha convertido en guarida de malandros y la inseguridad alejó a los transportistas que dejaron de trabajar las rutas internas.

Mientras el periodista de El Pitazo conversaba vía telefónica con la vocera una ráfaga de disparos interrumpió la entrevista.

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