En los estados Miranda, Carabobo, Aragua y Vargas, el dulce de lechosa, la torta negra y el Cabello de Ángel no pueden faltar en la mesa ni el 24 y ni el 31 de diciembre

En el mes de diciembre el venezolano acostumbra a degustar exquisitos dulces que prepara con antelación para acompañar la cena navideña. Cada región tiene sus comidas típicas y su forma particular de prepararlas, con ingredientes que le dan un sabor diferente. En los estados Miranda, Carabobo, Aragua y Vargas, el dulce de lechosa, la torta negra y el Cabello de Ángel no pueden faltar en la mesa ni el 24 y ni el 31 de diciembre cuando se acostumbra a comer en familia.

En Ocumare, estado Miranda, hablar de dulces es hacer referencia a la familia Machillanda, cuyos integrantes, desde hace 44 años, endulzan los hogares de esta ciudad de los Valles del Tuy. «Desde que éramos adolescentes mi mamá nos enseñó a hacer diferentes platos salados y dulces», comenta María de Lourdes Machillanda.

Todos los años, en diciembre, las hermanas Machillanda colocan un mesón frente a la Basílica Nuestra Señora de Coromoto o en la plaza del Estudiante, en Ocumare del Tuy, para ofrecer ricos manjares. Los más famosos son las arepitas dulces que la feligresía compra una vez que culminan las misas de aguinaldo. Este año la venta comienza a partir de las 4:00 pm.

«Se preparan con harina de maíz, papelón, anís dulce, queso y un poquito de harina de trigo; no mucha, porque se engoma la masa. También le colocamos una pizca de sal. Ese es el secreto», revela María de Lourdes, quien mantiene la tradición de su mamá y su abuela con Marielena, tras el fallecimiento de Cándida, su otra hermana.

María de Lourdes está orgullosa de dejar un legado a la cultura ocumareña. «Todo lo aprendido lo he transmitido a diferentes generaciones a través de cursos, no tengo problema en dar nuestras recetas», comentó.

El dulce de lechosa también es su especialidad. «Hacemos surcos en la concha de la lechosa para que bote la leche. Al día siguiente se pela, se pica en cuadritos y se deja en remojo con agua y bicarbonato por 24 horas. Luego se lavan bien los pedazos, se hierven en una olla con poca agua y se le agrega papelón o azúcar, hojitas de higo, para que le de un gusto más divino, y clavitos de especies. La idea es que el dulce quede blandito por dentro y durito por fuera», acotó.

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Un manjar con plátano maduro y coco

También del estado Miranda, pero en la tierra ardiente y del tambor, Barlovento, uno de los dulces típicos que se come durante todo el año, pero que acostumbra acompañar la mesa navideña es la cafunga, un manjar hecho con plátano maduro, coco rallado, papelón y anís en granos o molido.

Una peculiaridad de la cafunga es que después de preparar la masa con todos los ingredientes, se divide en pequeños cilindros que se envuelven en hojas de plátano, previamente lavadas y pasadas por el fuego. La cafunga se cocina en las hojas de plátano, por cada lado. La hoja de plátano le permite conservar la humedad y suavidad a este dulce típico, mientras que por fuera queda tostado, sin permitir que se queme.

El zapallo se remoja

Virginia Piñeiro es una altomirandina creadora del emprendimiento Virao 1204. Desde pequeña aprendió a hacer el dulce de Cabello de Ángel con piña, típico de la región en la temporada decembrina. «Este dulce lo preparo con una fruta llamada zapallo, la cual se pone a remojar porque la cáscara es dura. Luego se le exprime la pulpa y se pone a cocer con medio kilo de azúcar o papelón. Se le añade especies como clavo de olor y guayabita. Cuando va cristalizando se le agregan trozos de piña y se deja cocer una media hora más», explicó.

Piñeiro revela que el secreto es dejar el dulce seco, pero con un «melaito» para servirlo en platos pequeños. «La preparación es sencilla y queda delicioso», relata remembrando que el dulce era el preferido de su papá, quien falleció hace un mes a causa del COVID-19.

Con información de Lidk Rodelo, Pola del Giudice, Nadeska Noriega, Francisco Chirinos, Paula Bauer, Ruth Lara Castillo y Rosanna Battistelli

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