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sábado, 16 enero, 2021

Vecinos: El cañaveral de La Carpiera de Cagua es ahora un camposanto

El incendio acabó con los sueños de 11 jóvenes, dejó al descubierto la falta de control en los sembradíos de caña de azúcar y las carencias de la red ambulatoria y hospitalaria de Aragua

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Maracay.- El cañaveral agrícola El Lago, ubicado en el sector La Democracia, en La Carpiera de Cagua, estado Aragua, había sido por años el patio de juegos de niños y jóvenes de la zona. 

Ahora es un camposanto.

El jueves 23 de enero la diversión de cazar conejos y otros animales silvestres, además de buscar varillas para hacer papagayos, se esfumó con la velocidad que arropa el fuego un sembradío de caña de azúcar.

Nueve adolescentes, entre 10 y 14 años de edad, y dos jóvenes de 18 años de edad, fueron alcanzados por las llamas. Siete murieron en el acto calcinados y cuatro quedaron con vida, pero con quemaduras de segundo y tercer grado en 90 % de sus cuerpos. Las posibilidades de salvarse eran mínimas, más cuando en el estado Aragua ningún hospital cuenta con unidad de quemados. 

A las horas murieron y se elevó a 11 la lista de fallecidos. 

Héroes anónimos 

«La candela los atrapó. Ellos trataron de escapar corriendo, pero no pudieron. Esto es muy triste porque es la primera vez que ocurre. Ese era su campo de diversión. En esta ocasión jugaron sin querer con la muerte y ésta les ganó», relató Julio Celis, tío político de los adolescentes, quien junto a otros vecinos rescató a siete personas.

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«Alguien me dijo que no debíamos tocarlos porque nos podíamos meter en problemas con el Cicpc y yo le dije que eran nuestros muchachos y no podíamos dejarlos allí«, agregó. 

Fue difícil el rescate, porque la mayoría quedó en posición de carrera y los cuerpos estaban rígidos. «Con mucho cuidado los fuimos sacando uno a uno al callejón», explicó. 

Fatídico 23 de enero 

A las 3:00 pm del jueves comenzó el incendio. Cuatro días antes, el lunes 20 de enero, había iniciado la zafra o recolección de la caña en la hacienda El Lago. También comenzó la temporada de quemas controladas que es una técnica que usan los cañicultores para facilitar el corte y el transporte de la caña.

En las redes sociales, vecinos advertían que había mucho humo, sin saber que estaba ocurriendo una tragedia. 

«Yo vivo cerca y nunca me imaginé que las cenizas que caían y caían eran de ese desastre«, escribió Esther Abreu, habitante de Cagua.

Los vecinos denunciaron que los nuevos arrendatarios del cañaveral en cinco años han descuidado el sembradío. Antes, señalaron, existían cortafuegos y no había tanta maleza como ahora. Además, la cosecha se hacía de noche cuando las temperaturas son más bajas y existen menos riesgos para los habitantes de la comunidad. 

Ahora, el negocio dulce de la caña es más amargo para la comunidad que debe respirar el humo de estos incendios a toda hora. 

Así lo alertaron quienes viven en el callejón Los Cedros, que está al final del sector La Democracia y al lado del cementerio de La Carpiera. El patio trasero de estas casas, donde vivían los fallecidos, es el cañaveral.

Sueños que se quemaron en el cañaveral

A Erickson Omar Plaza Figueroa, de 14 años de edad, le gustaba mucho el béisbol, tanto que desde los cuatro años de edad ingresó a la escuela Pueblo de Cagua. Allí descubrieron que tenía talento como lanzador derecho y jardinero, y comenzaron a formarlo.

Le gustaba el deporte y soñaba con ser grande liga, y estaba a pocos años de cumplirlo. 

«Jugaba desde muy pequeño en la escuela de béisbol menor y ahora estaba en la categoría senior. Era tremendo pitcher, por eso lo estaban preparando para firmarlo con la ayuda de la academia y unos vecinos que saben de formación de beisbolistas», contó Angélica Serrano, delegada de la categoría senior de la escuela de béisbol menor.

Erickson usaba la camisa con el número 45 y además era el quinto al bate. Era muy competitivo y en muchas ocasiones salvó a su equipo de una derrota segura. 

«Una vez estábamos perdiendo por tres carreras ante el equipo Unidos y lo pusieron a pitchar. Sacó los tres outs, luego bateamos nosotros y ganamos en el terreno, todo fue gracias a él», recordó uno de sus compañeros de la escuela de béisbol. 

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En la sala de la casa de Erickson hay al menos 10 fotografías de su desarrollo como beisbolista. Su padre, Omar Israel Plaza, las muestras con orgullo y lágrimas en los ojos. Para él son su más preciado tesoro y ahora un altar para no olvidar al joven que era promesa deportiva de La Carpiera. 

El abuelo que corrió con su nieto en brazos 

Rodolfo Salazar cargó a su nieto, José Abraham Salazar Díaz, de 10 años de edad, aún con vida hasta el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) de La Carpiera, que está ubicado a pocos metros del cañaveral. 

«Aún le palpitaba el corazón. Por eso lo tomé en brazos y salí corriendo al CDI», expresó. 

En el centro de salud no lo atendieron, dijeron que no tenían ni para colocarle oxígeno. Los bomberos auxiliaron al señor Salazar y lo llevaron hasta el hospital José María Vargas de Cagua, conocido como el hospitalito.

La unidad bomberil se accidentó dos veces, así que el trayecto se hizo más largo. 

Al llegar al hospitalito era demasiado tarde. El corazón de José Abraham dejó de palpitar. 

La imagen del abuelo cargando a su nieto herido captada por un anónimo del lugar (se cree que fue hecha por un funcionario policial) quedó como registro gráfico de la tragedia del cañaveral que enlutó a Aragua. 

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