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viernes, 25 septiembre, 2020

Carabobo | Mujer vivirá con una aguja en su cuerpo

Según un diagnóstico médico, Yesenia Rojas debe acostumbrarse a vivir con una aguja en una de sus venas. Desde el pasado 25 de agosto, la mujer, de 40 años de edad, acumula 13 días con ese objeto en su organismo. Una posible mala praxis o una falla de fábrica del catéter originó una situación ante la cual no consigue absoluta calma

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Valencia.- El 25 de agosto Yesenia Rojas, de 40 años de edad, requería un tratamiento endovenoso para mejorar su hemoglobina baja generada por miomas en su útero. Una posible mala praxis o una falla de fábrica del catéter ocasionó que la aguja ingresara en su vena. Desde entonces visitó clínicas y hospitales en al menos 11 oportunidades, pero no recibió la atención que esperaba.

Al final solo logró un diagnóstico médico que no termina de calmarla: debe acostumbrarse a vivir con ese objeto en su vena. El 27 de agosto, luego de 48 horas de agonía y desespero, recorriendo clínicas y hospitales en medio de la pandemia por COVID-19, sin vehículos por falta de combustible, Yesenia salió a las 4:30 am, acompañada de su prima, camino al terminal de Guacara para trasladarse a la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (Chet) de Valencia, donde esperaba que le retiraran la aguja, que ya tenía poco más de dos días generando molestias.

Al llegar al hospital, cerca de las 7:00 am, Yesenia fue atendida por una enfermera, quien le pidió que se sentara y esperara el llamado para realizarle una placa. Luego de casi seis horas y sin la placa, la remitieron a un cirujano cardiovascular, quien jamás llegó a la consulta, y nuevamente le dieron cita para el viernes 28. Por esta razón, Yesenia, sin desayunar, agotada y adolorida se regresó a su casa. “Madrugué, como muchos venezolanos, y llegué a mi casa a las 4:00 pm. Yo sufro de hemoglobina baja. Me mareo, me cuesta respirar, me duele la cabeza por todo el trajín que llevo. Tenía unas ganas inmensas de llorar, con una decepción grande”, refirió Yesenia.

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La prima de Yesenia, Vanessa Rivero, quien la acompañó a la Chet en varias oportunidades, señaló que ese 27 de agosto caminaron desde la Chet hasta la avenida Lara de Valencia porque no pasaba transporte, un recorrido de 2,6 kilómetros. “En el camino mi prima casi se desmaya. Recorrimos un largo trayecto. Estábamos en cuarentena radical y era la única manera de conseguir autobús. Afortunadamente, nos quedaba algo de efectivo ”, expresó.

Un largo camino para ser escuchada

Yesenia había decidido quedarse en casa de su prima, en Guacara, pues desde su residencia, en San Joaquín, el recorrido era más largo. Llegó el día 28, y nuevamente junto a Vanessa, a las 4:30 am salió al terminal rumbo al Hospital Central de Valencia, como también se le conoce a la Chet.

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Al llegar al recinto hospitalario, Yesenia fue recibida por el director del hospital, quien había escuchado de su caso y decidió apoyarla con la intervención quirúrgica, por lo que le pidió que fuera hasta el área donde le realizarían una ecografía doppler para conocer la ubicación exacta de la aguja.

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Por segunda vez desde que comenzó su odisea, la mujer sintió que alguien la escuchaba. Por fin recibiría la atención que esperaba. Pensaba que faltaba poco para despedirse de la aguja, que cumplía 36 horas en su organismo. Yesenia asegura que fue la primera en llegar al área donde le realizarían el eco, cerca de las 9:00 am. Sin embargo, fue la última en ser atendida por razones que desconocía. Al buscar nuevamente al doctor, este le dijo que era tarde para hacer la cirugía.

Una vez más regresó a su casa, en el eje oriental del estado, en autobús y con la aguja aún en su brazo. “La doctora me trató horrible, estaba molesta. Dijo que eso me pasaba por no haber acudido a un hospital. Sentí impotencia, por eso me dejó de última. Si me hubiese atendido cuando llegué, el doctor me hubiese sacado la aguja. Hay gente inhumana. Sentí rabia, ganas de llorar, de todo”, confesó Yesenia.

Un lunes amargo

Yesenia fue citada para el lunes 31 de agosto, y pese a que el fin de semana se sintió agotada, desesperanzada y con dolor en el brazo, ese día se despertó a la misma hora y acudió con Vanessa al hospital. Al llegar, las primas se encontraron con otra realidad denunciada en reiteradas oportunidades por los gremios de la salud y pacientes de la Chet: la falta de suministros. “Nos mandaron a comprar todo. Salimos a buscar Betadine, adhesivo y guantes. No recuerdo qué otra cosa. Fueron como siete dólares, aproximadamente”, dijo Vanessa Rivero.

Luego de comprar todos los insumos para la intervención quirúrgica, Yesenia y su prima regresaron a la Chet. Pero la esperanza de salir del hospital sin la aguja se vio frustrada, una vez más, cuando el doctor reprogramó la cirugía por déficit de personal de enfermería. Yesenia y su prima decidieron retirarse del hospital.

La nueva cita era para el 1 de septiembre, pero camino a casa, la mujer, que ya tenía 144 horas con la aguja en su vena, recibió la llamada de un enfermero, quien le pidió que se regresara, pues ya habían solventado el déficit de personal por ese día. Yesenia confió en el enfermero, quien días antes la había apoyado con algunas gestiones dentro del hospital.

Al ingresar a la Chet, un cirujano le vio el brazo y le dijo que no era necesaria la intervención, que podía vivir una vida normal con la aguja en su organismo. Yesenia tuvo sentimientos encontrados: no sabía si confiar en la información del médico, llorar por todo el estrés que esto le generaba o buscar otra opinión. Nuevamente le tocó volver a casa con la aguja.

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El 1 de septiembre Yesenia recibió una llamada del enfermero que siempre estuvo atento a su caso. Le dijo que luego de una reunión con la directiva del hospital y un cirujano cardiovascular, acordaron la necesidad de extraer la aguja el 2 de septiembre, porque representaba un riesgo para su salud: el objeto podía moverse y generar complicaciones. Yesenia estaba agotada, desanimada y decepcionada por las fallas que pudo constatar en el sistema de salud en Carabobo, por lo que ese día respondió que se tomaría un descanso y esperaría hasta este lunes, 7 de septiembre. Ella quedó en devolver la llamada, pero no lo hizo.

El viernes 4 de septiembre Yesenia acudió a la clínica La Viña de Valencia, esta vez sin Vanessa. Pagar 20 dólares por la consulta no fue fácil para ella, pero necesitaba otra opinión y acudió a un cirujano cardiovascular, quien le aseguró que, luego de tantos días, ya no era necesario extraer la aguja. “Le dijo que no se preocupara, que esa vena ya estaba muerta, que ya lo que le iba a dar, le dio. También le dijo que el catéter estaba anclado y que de allí no se movería. Tampoco podrá nunca más colocarse un tratamiento por esa vía”, expresó la prima, a quien Yesenia le relató lo sucedido.

Ante la diversidad de criterios médicos, Yesenia se mantiene con dudas. El viernes tuvo fiebre, dice que siente corrientazos en la vena. Sin embargo, la odisea que vivió durante estos 13 días, le hizo rechazar la cita prevista para este 7 de septiembre. Cree posible aceptar que vivirá con la aguja en su brazo para toda la vida.

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