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sábado, 5 diciembre, 2020

Carabobo | Mujer cumplió 48 horas con una aguja en su organismo sin atención

Yesenia Rojas, residente del municipio San Joaquín, fue víctima de una mala praxis. Visitó siete centros de salud en cuatro municipios y en ninguno recibió auxilio

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Valencia.- Yesenia Rojas, de 40 años, nunca pensó que un tratamiento endovenoso para subir su hemoglobina, al cual estaba acostumbrada, pondría su vida en peligro. Y es que el pasado 25 de agosto, a las 2:00 pm, por una mala praxis, una aguja quedó en su cuerpo con el riesgo de migrar a un órgano vital.

La primera reacción de Yesenia fue de preocupación. Asegura que la enfermera ya le había realizado este procedimiento en otras ocasiones y nunca había tenido ningún percance. Ahora su temor era conseguir cómo trasladarse a un hospital en medio de la pandemia por COVID-19 y en un estado donde la escasez de combustible tiene más de un mes.

Yesenia no contaba con gasolina en su vehículo. Ella y la enfermera le pidieron la cola a una vecina en el municipio San Joaquín y se trasladaron a Diego Ibarra, donde esperaban ser atendidas en el Hospital Simón Bolívar de Mariara, un centro centinela, pero no corrieron con suerte y aquí comenzó la agonía.

“Ni siquiera me revisaron. No me atendieron. Me miraron por una reja y dijeron que no podían atenderme, porque solo estaban recibiendo casos de coronavirus. Le pedí que me orientaran para saber qué hacer y solo me dijeron que necesitaba rayos X y un médico especialista”, expresó Yesenia, quien ya comenzaba a sentir presión en su brazo izquierdo.

Indignada por no recibir respuesta, Yesenia y la enfermera, nuevamente en cola, se trasladaron al Hospital Miguel Malpica del municipio Guacara, donde, por segunda vez, el COVID-19 fue la razón para que no le ofrecieran ni siquiera la atención primaria.

“Un médico salió y me dijo que me mantuviera afuera porque había fallecido una persona con coronavirus, que ellos iban a llamar a un cirujano. De repente me dio un informe para que me fuera al hospital Carabobo en Naguanagua, porque allí no me iban a atender”, relató.

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Hasta Guacara llegó la posibilidad de movilización de Yesenia. La persona que le dio la cola no podía trasladarse hasta el municipio Naguanagua, pues ya era cerca de las 7:00 pm y la escasez de gasolina no colaboraba.

Yesenia, con la preocupación de que la aguja migrara al corazón, decidió llamar a su hermano Jorge Rojas, quien vive en Guacara, pero ni él ni sus vecinos tenían los carros equipados con gasolina. Jorge buscó una moto que tenía en su casa con unos pocos litros de combustible y ambos decidieron viajar hasta Naguanagua por la oscura Autopista Regional del Centro (ARC), esta vez sin la enfermera.

Yesenia le transmitió la preocupación a su hermano, quien manejaba desesperado, a toda velocidad, y pensando que lo peor podía pasar. Finalmente, llegaron al tercer destino, el Hospital Universitario Ángel Larralde, conocido como hospital Carabobo, donde Yesenia vio por primera vez gestos de humanidad.

“Me vieron tres médicos y ellos sí me revisaron. Me tocaron el brazo y tuvieron la intención de atenderme, pero no tenían rayos X ni visor de imágenes. Me dijeron que el quirófano estaba dañado, que necesitaba un cirujano cardiovascular porque podía hacer un trombo. Me dieron otra referencia y me mandaron al Hospital Central de Valencia. Ya eran las 8:00 pm y todavía ningún médico me había podido atender”, recordó la mujer en medio de su desesperación.

La angustia se apoderó de Yesenia y Jorge. Eran varios los factores que les preocupaban: el recorrido en moto en horas de la noche por zonas de alto índice delictivo, quedarse sin gasolina y la inquietud mayor, la aguja en la vena de Yesenia, la cual podía generar daños en su organismo.

Cerca de la 9:00 pm llegaron a la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (Chet), conocida como Hospital Central, donde la respuesta de un médico sumó tristeza al dolor que sentía Yesenia desde las 2:00 pm. “Un médico medio miró por el rabito del ojo y me dijo: ‘Yo a ti no te puedo atender’. Tenía unas ganas inmensas de llorar, de insultarlo, de decirle de todo, pero respiré profundo y me fui”.

Yesenia y Jorge regresaron a Guacara. Fueron otros 30 minutos de recorrido en moto. La aguja de la gasolina no daba mayores esperanzas de seguir buscando atención médica; sin embargo, la fe de los hermanos les permitió llegar al Centro de Especialidades Quirúrgicas Guacara, en el centro del municipio, aunque fue una visita infructuosa, ya que no había especialistas.

La gasolina se agotaba. Jorge no quería desistir de la búsqueda de ayuda, pero sabía que no llegaría a ningún lugar y podía quedarse accidentado. Ya eran las 11:00 pm, así que decidió hacer un intento más y le pidió la cola a un amigo hasta otro centro de salud. Dejó su moto y esperó, junto a su hermana, por un carro, que no pasaba de medio tanque de gasolina. Se trasladaron hasta el Policlínico Guacara, en vía hacia Vigirima, pero tampoco corrieron con suerte.

“Me dijeron que no tenían especialistas, que me fuera a Valencia, al Centro Médico Guerra Méndez, al Policlínico La Viña o al Metropolitano. Regresé a mi casa a las 2:00 am sin atención. Tenía miedo de dormir, porque no sabía si iba a despertar. No sé qué le puede hacer eso a mi cuerpo”, dijo Yesenia.

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Luego de visitar cuatro hospitales y dos clínicas, el miércoles 26 de agosto, a las 5:00 am, Yesenia se trasladó al Hospital Metropolitano del Norte en Naguanagua. Sus nervios ya sumaban 15 horas y tenía la esperanza de que en este centro privado alguien le extrajera la aguja que permanecía en su vena. Pero una vez más no recibió atención.

“La misma historia: me dijeron que esperara un moment, y me dieron las dos horas esperando ese momento, para que me dijeran que el médico no me podía atender, que quizás mañana. Finalmente, un médico que me vio en el pasillo me dijo que necesitaba una placa y un eco doppler venoso para saber dónde está ubicada la aguja en mi organismo y que luego buscara un cirujano cardiovascular. Allí me dejó”, narró Yesenia.

Luego de unos mensajes y llamadas la noche del 26, Yesenia logró coordinar, con apoyo de un amigo, la atención en la Chet para el jueves 27. Llegó el día y se trasladó en autobús, a las 5:30 am, hasta el centro hospitalario. Antes de la 7:00 am ya esperaba en el lugar. Creyó que esta vez sí lograría el objetivo, y aunque revisaron su caso, el especialista nunca llegó.

“Me siento decepcionada, indignada, triste. Juegan con el tiempo de uno, con la vida, con la salud. Hay una falta de humanidad. Te dejan parado tres horas detrás de una puerta. Eres invisible para ellos. Te pelotean, te mandan de un piso para otro, y así. Yo sufro de hemoglobina baja, me mareo, me canso”, afirmó.

Cerca de las 3:00 pm, Yesenia decidió regresar a su casa junto a una amiga que la acompañó. No se sentía bien. Tenía 48 horas con la aguja en su organismo, sin desayuno y ya su hemoglobina daba señales de estar baja. Asegura que ocurre con frecuencia como consecuencia de un mioma uterino. La falta de transporte la obligó a caminar desde la Chet hasta la avenida Lara para llegar a su residencia, cerca de las 5:00 pm.

Jorge Rojas, entre su tristeza y desespero por el sufrimiento de su hermana, manifestó su molestia ante el déficit asistencial que se registra en el estado Carabobo y que, según dijo, empeoró luego de la llegada del COVID-19.

“No nos va a matar el coronavirus; aquí nos va a matar la falta de clínicas y hospitales. En las clínicas nos dicen que no hay doctores y en los hospitales que solo atienden casos de COVID-19”, contó Jorge al equipo de El Pitazo.

Al cierre de esta nota, la aguja aún permanece en el cuerpo de Yesenia, quien solo pudo realizarse una placa el día 26 de agosto, por la que pagó 35 dólares que consiguió con esfuerzo. Asegura que su mano está inflamada, siente dolor en el pecho, en su dedo pulgar y en su brazo izquierdo.

“Se me hacen nuditos en las venas, estoy asustada. No sé qué pueda pasarme, no sé las consecuencias, no sé si me atenderá algún médico, pero voy a intentarlo, a la misericordia de Dios”, dijo Yesenia con voz llorosa.

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Yesenia fue citada nuevamente al Hospital Central de Valencia para el viernes 28 de agosto. Esta vez espera encontrarse con alguien de corazón noble que la ayude. Entre tanto, sus familiares piden a las autoridades habilitar centros para atender otras patologías no asociadas al COVID-19.

“No es posible que en todos los hospitales y clínicas a donde fuimos la prioridad es el coronavirus. No todo es el coronavirus, señores. Hay otras enfermedades; se les agradece tomar conciencia”, dijo Vanessa Rivero, prima de Yesenia, en un firme llamado a las autoridades gubernamentales.

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