Cuentos de cuarentena –10–

Hoy, un día más del confinamiento y distanciamiento social. Hoy, como los otros días, me levanté, comí, salí al jardín, leí, comí, descansé, preparé café, trabajé y regué. En distintos interludios atendí el celular: Gmail, Signal, Telegram, WhatsApp, Twitter e Instagram. En la tarde tocó regar, porque aún no llegan las lluvias. Regando busco que toda la superficie se empape, lo que causa ese olor a tierra mojada que relaja y recuerda momentos de frescura y lluvia: veo fluir el agua y me distraigo, me pierdo en el líquido y en mis pensamientos; una y otra vez a ti, a tu recuerdo, a tu imagen nítida como si te tuviera enfrente, tu gran sonrisa, los hoyuelos en tus cachetes, los reflejos rojizos de tu cabello, tu piel lozana, tus hermosos ojos marrones, los secretos que guardas con tanto recelo porque eres extremadamente reservada (cosa que no lo sabría quien te esté conociendo porque eres extrovertida y alegre). Siento zozobra, necesidad de verte en persona, de abrazarte largo, de compartir tiempo contigo, de hablar de cualquier cosa o de nada, porque solo estar contigo me da paz. Te extraño mucho.

Cuando vuelvo a la realidad, ya he terminado de regar, un poco más triste que antes. Todo el jardín está listo, el olor a tierra mojada es intenso, pero no me relaja, no me refresca, no me alivia. No me queda más que recoger las cosas, resignarme y esperar.

RENE PIROTTE MORALES
–Venezuela–


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