Los familiares de las víctimas del naufragio en el estado Sucre, en el oriente de Venezuela, denuncian que en vez de ayuda gubernamental, lo que reciben es presión y persecución de parte de los cuerpos de seguridad. Destacan que la crisis en la entidad obliga a sus habitantes a buscar un mejor futuro en la vecina isla

Juan González es uno de los ciudadanos que busca información acerca de sus allegados que desaparecieron en el naufragio de Güiria. Uno de sus compañeros de iglesia formaba parte de los pasajeros que abordaron la embarcación «Mi Refugio», que partió de las costas de esta entidad del estado Sucre el pasado 6 de diciembre rumbo a Trinidad y Tobago. Desde el 12 de diciembre, cuando aparecieron los primeros siete cadáveres cerca de la costa sucrense, aumenta su preocupación e indignación.

“Todos sabemos en Güiria que la gente se está muriendo de hambre, que la gente está emigrando de este país, de este pueblo porque no tiene nada que comer. La gente está desesperada y la solución está en manos del Gobierno”, dijo González.

González esperaba a las afueras del galpón número 6, en el muelle de la Guardia Costera de Güiria. Conversaba, tomaba café y caminaba de un lado a otro entre la multitud de casi 100 personas que, como él, imploraban por noticias sobre el destino de sus allegados. 

Así, revuelto, estaba el muelle y el pueblo desde el sábado 12 de diciembre cuando fueron localizados los primeros cadáveres. Escenas de llanto, espanto y desesperación se repiten a cada paso. 5 Niños, 9 mujeres y 12 hombres, 26 personas fallecidas era el reporte hasta la tarde del 16 de diciembre. Familias enteras desaparecieron en el mar. 

Convencido de saber quiénes son los responsables de esta tragedia, González, un hombre no mayor de 35 años, declaraba sin temor: “Ellos (las autoridades) buscan ahora hacerle presión a los pescadores y a la gente del pueblo. Esa es la situación que estamos viviendo en el municipio. Y en lugar de ver nosotros la ayuda del Gobierno o de la alcaldía, que nunca se han presentado, lo que vemos es presión de los cuerpos policiales. Una presión sobre la gente. Metiéndose en las casas, buscando culpables, cuando ellos saben quien es el culpable de lo que está pasando con los venezolanos. No temo decirlo porque es la verdad. Allí hemos perdido gente sana que tuvo que emigrar”, aseguró.


Ellos (las autoridades) buscan ahora hacerle presión a los pescadores y a la gente del pueblo. Esa es la situación que estamos viviendo en el municipio. Y en lugar de ver nosotros la ayuda del Gobierno o de la alcaldía, que nunca se han presentado, lo que vemos es presión de los cuerpos policiales. Una presión sobre la gente

Juan González, habitante de Güiria

Él estaba allí por su amigo Ángel Subero, de 27 años de edad. “Era un muchacho sano que dejó dos niños huérfanos. Alguien le ofreció la cola en esa embarcación para irse a Trinidad a ver si conseguía un día de trabajo para mantener a su familia, y arriesgó su vida, se fue y lamentablemente la perdió”.  

Afuera del galpón 6 de la Guardia Costera se ve una fila de unas 50 personas. Algunos cuentan que llevan allí hasta cuatro horas. Esperan para entrar a identificar los cadáveres de sus familiares desaparecidos. 

La tarea no es sencilla, muchos de los cuerpos están mutilados y en avanzado estado de descomposición, lo que dificulta el reconocimiento. “Dejan entrar de uno en uno. Solo puede ingresar un familiar directo a hacer el reconocimiento del cadáver. Y solo podemos estar allí tres minutos”, narró una adolescente de 14 años de edad, que se vio obligada a identificar el cadáver de su hermano menor. 

Confusión, rabia y dolor

Güiria es un pueblo de unos 40.000 habitantes, que está ubicado en el municipio Valdez del estado Sucre, apenas a cuatro horas de distancia en lancha de Trinidad y Tobago. La relación y el intercambio entre ambas fronteras es histórica y constante. 

El abandono y la penuria se perciben desde antes de llegar al pueblo. La vía que va de Carúpano hacia el municipio Benítez, pasando por Yaguaraparo, hasta la entrada de Güiria es prácticamente intransitable por la maleza que ha crecido en el lugar y se ha tragado la carretera. 

Las fincas donde antes se cultivaba cacao están vacías. Sin nada que ofrecer. Las matas están secas, ya no hay cosechas. 

No hay gas doméstico ni tampoco gasolina en los pueblos a lo largo de la carretera. Una protesta por falta de gas obstaculizó el camino por algunas horas. Estos reclamos con cierres de vías son cotidianos en el estado Sucre. Mientras unos protestan porque no tienen cómo cocinar, otros llevan leña en burro hasta sus hogares. 


A mi hermano lo llamaron para entrevistarlo, pero lo dejaron detenido y ya lo estaban insultando los policías. El vino fue para identificar los cadáveres. Él no es un traficante de gente

Maribel Brito, hermana de Henry Brito, detenido cuando fue a preguntar por un amigo desaparecido

La crisis de combustible compite con la falta de comida en Güiria. Junto al cartel que anuncia la llegada al pueblo, una larga fila de vehículos da la bienvenida a los visitantes. Es la cola de motos y carros esperando por gasolina, que solo llega una vez al mes. Se venden solo 15 litros por vehículo, por decisión de los militares que controlan la distribución 

Güiria, que fue uno de los pueblos con mayor potencial industrial y comercial del estado Sucre en aquel país que fue uno de los principales exportadores de petróleo del mundo y que se declaraba sin rubor “Venezuela, potencia”, hoy es un mito.

Los gritos, llantos y súplicas vienen del muelle. Y se reproducen en la plaza Bolívar, en las calles y los comercios. Hay confusión, dolor, rabia. Llevan horas queriendo saber lo que pasó. Los habitantes no entienden qué ocurrió con sus familiares. 

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Silencio y miedo

La gente en Güiria tiene miedo por las represalias. Es común encontrar personas decapitadas en las plazas porque cuentan lo que ahí se vive. Ya ha pasado antes cuando otras embarcaciones con destino a Trinidad y Tobago han naufragado o desaparecido por mafias o trata de personas. “Los amenazan o los matan. Prefieren no hablar”, contó una habitante del pueblo. 

Otros están obligados a callar dominados por las condiciones en la zona. Muchos en el pueblo sobreviven del comercio ilegal entre Sucre y Trinidad y Tobago. Además, en Güiria, como en otros pequeños pueblos del país, todo se conoce. 

Maribel Brito forma parte del grupo de personas reunidas en el muelle. Es hermana de Henry Brito, uno de los dos detenidos, quien a su vez es tío de Nelson Luis Martínez, de 20 años de edad, uno de los desaparecidos. “A mi hermano lo llamaron para entrevistarlo, pero lo dejaron detenido y ya lo estaban insultando los policías. ´Él vino fue para identificar los cadáveres. Él no es un traficante de gente”, dijo la mujer.

Martínez tenía una hermana en Trinidad, quien le prometió ayudarlo a conseguir un trabajo. “Él aquí no tenía trabajo y no estaba haciendo nada desde que se graduó de bachiller”, contó Brito.

Las versiones de pueblo pequeño

Ante la ausencia de información oficial, los comentarios y rumores de lo que pudo ocurrir se multiplican. Las personas concentradas frente al galpón de la Guardia Costera donde llevan a los cadáveres que han sido localizados en el mar, dicen que salieron en una embarcación el domingo 6 de diciembre y que fueron devueltos por Trinidad y Tobago en otro peñero. Algunos la identifican como “Mi Refugio”, mientras que otros se refieren a “Mi Recuerdo”. Otros aseguran que se trata de dos embarcaciones distintas. Nada es claro.

El gobernador Edwin Rojas tampoco tiene certezas de lo que pasó con la embarcación que naufragó. Explicó que el peñero salió de un muelle no autorizado de Güiria y no tiene forma de saber quienes iban en él. 

Pero la gente hace sus propias versiones. Entre espera y espera, acomodados en sillas portátiles y con provisiones para amortiguar el ruido del estómago mientras pasan las horas, conversan entre ellos sobre lo que pudo pasar. 

Insisten en que la embarcación llegó a Trinidad y Tobago el domingo en la noche. La mantuvieron en el puerto y la devolvieron a Venezuela sin gasolina. Señalan a las autoridades trinitenses como los responsables de la desgracia. 

Algunos intentan buscar explicaciones en cualquier detalle. “Que los primeros cuerpos fueran encontrados a solo 6 millas náuticas de la costa venezolana quiere decir que se estaban devolviendo”, dicen los familiares, convencidos de que sus parientes si pisaron territorio insular. 

Por eso le exigen a las autoridades la verdad. Pelean con militares, diputados del gobierno de Nicolás Maduro y agentes del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) porque quieren saber qué pasó. Les piden que agilicen con el gobierno trinitense una lista de detenidos en la isla. 

Cuentan que la mayoría son familia y conocidos que se fueron de Güiria porque pasaban hambre y necesitaban buscar una mejor vida.  

Porque en Güiria todos lo saben, lo viven, lo padecen: el hambre no discrimina en el pueblo costero del estado Sucre. Esa es la razón por la que, teniendo en cuenta el peligro de la fuerza de las aguas entre Venezuela y Trinidad y Tobago, los venezolanos suben a los peñeros con la esperanza de encontrar lo que ahí no pudieron. 

Entre 500 y 700 venezolanos salen del país diariamente. Regados por el mundo ya hay más de cinco millones. Para mayo de 2019, la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para Refugiados (Acnur) reportaba que más de 16.500 inmigrantes venezolanos fueron registrados por el gobierno trinitense. Y la Organización de Naciones Unidas advirtió que para 2021 la migración venezolana podría superar los 8,5 millones de personas.

En ese tránsito los riesgos son múltiples. Nada más en 2019 fueron reportadas como desaparecidas tres embarcaciones entre Venezuela y Trinidad y Tobago, que llevaban al menos 80 personas. 

*Con información de Yesenia García, enviada especial en Güiria, y redacción de Valeria Pedicini y Ronna Rísquez

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