El 8 de octubre marcó un antes y un después en Las Tejerías. Ese día, los vecinos de este poblado del estado Aragua fueron testigos de la delgada línea que hay entre la vida y la muerte. Hoy lloran a quienes ya no están, pero no pierden la esperanza de encontrar con vida a los desaparecidos. Al mismo tiempo luchan, más unidos que nunca, para lograr que este pueblo se levante

Luisa levanta los escombros que su fuerza le permite. Tiene la esperanza de encontrar a su esposo con vida. Ambos estaban en su casa en el barrio El Béisbol cuando ocurrió el deslave de Las Tejerías, el 8 de octubre. Ella estaba viendo televisión en la sala y su pareja conversaba con un amigo en el porche de la casa.

“No le dio tiempo de protegerse, porque el agua lo sorprendió. Recuerdo que gritó y pidió auxilio, pero después no lo escuché más”, recuerda la mujer con nostalgia, mientras se lleva la mano al pecho para pedirle a Dios que le devuelva a su esposo.

El esposo de Luisa tiene 33 años, al igual que ella. Hasta el 14 de octubre era uno de los más de 50 desaparecidos de la tragedia ocurrida en Las Tejerías, estado Aragua, luego del desbordamiento de la quebrada Los Patos.

El rostro de Luisa denota tristeza, la misma que mostraban los vecinos de la ciudad durante un recorrido realizado por El Pitazo tres días después de la emergencia. La zona lucía desolada, devastada, destruida. La furia del agua arrasó con casas, calles, empresas, comercios y vidas, muchas vidas. A la fecha las autoridades contabilizan 50 fallecidos.

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“Agradezco a Dios mi salvación”

La hermana en Cristo de Carmen es una de las víctimas de la tragedia. Ella estaba congregada en la iglesia evangélica Guerreros de Cristo, ubicada en el barrio El Libertador, cuando los atrapó el aluvión.  Carmen no fue al templo ese día, porque tenía malestar de salud.

“No hay duda, Dios tiene el control de nuestras vidas. Yo casi nunca dejo de congregarme, pero el sábado me dolía la cabeza y tenía mareos, así que decidí quedarme en casa. Por un momento me sentí mal por no asistir, pero hoy le agradezco a Dios mi salvación. Ese día comprendí lo delgada que es la línea entre la vida y la muerte”, señaló Carmen a El Pitazo.

Carmen asegura que el pastor y la pastora también fueron arrastrados por el agua. “Estaban reunidas unas 20 personas, entre adultos y niños. Fueron pocos los que lograron subir el cerro y resguardarse. Es muy duro lo que estamos viviendo y pasará mucho tiempo para superar tanto dolor”, contó.


No le dio tiempo de protegerse, porque el agua lo sorprendió. Recuerdo que gritó y pidió auxilio, pero después no lo escuché más

Luisa, habitante de Las Tejerías

“Subir a la platabanda nos salvó”

Armando Durán también vivió de cerca la tragedia.  Logró resguardarse junto con su familia, porque se subió a la platabanda del banco Bicentenario. Un poco más arriba de esta entidad, en la calle Pinto Salinas, está su licorería. El agua con sedimentos se llevó todas las bebidas del lugar.

“Llovió como una hora y en cuestión de minutos, entre las siete y ocho de la noche, el agua comenzó a caer por el callejón”.

A partir de ese momento, Durán vio escenas desgarradoras.

“Empezamos a ver muebles, camas y personas que eran arrastradas por la corriente. Nosotros decidimos cerrar el negocio, pero el agua tumbó la Santamaría. Se cayeron las casas y las torres eléctricas Lo más impresionante fue ver a la gente montada sobre cosas en el río, en un intento por salvarse”.

Durán recuerda que ese evento duro más o menos una hora. “Logramos rescatar a diez vecinos y subirlos a la platabanda. Incluso, rescatamos viva a una mujer en el estadio, pero todavía hay muchos desaparecidos: un sardinero, un mecánico y las personas que estaban en el restaurante Los Palmares”.  

Residentes de Las Tejerías: el río acabó con nuestros vecinos y amigos

El negocio de Neyda López también se vio afectado por el agua. Ella es dueña de la tornería Tornojet, ubicada en la calle Miranda. “Lo perdimos todo, estamos tratando de salvar algunas máquinas, con la esperanza de que el gobierno nos ayude a salir adelante”, señaló a El Pitazo.

Al igual que en la licorería de Durán y la tornería de López, el agua causó estragos en los comercios ubicados adyacente a la carretera Panamericana, en el casco central de Las Tejerías, así como en las empresas situadas en la calle Andrés Bello, entre ellas, la Planta Mack de Venezuela y la Corporación Automotriz ZGT(ensambladora de vehículos Chery), Concrecasa y La Montserratina.


No hay duda, Dios tiene el control de nuestras vidas. Yo casi nunca dejo de congregarme, pero el sábado me dolía la cabeza y tenía mareos, así que decidí quedarme en casa. Por un momento me sentí mal por no asistir, pero hoy le agradezco a Dios mi salvación. Ese día comprendí lo delgada que es la línea entre la vida y la muerte

Carmen, habitante de Las Tejerías

Además de las cuantiosas pérdidas, que aún no han sido totalizadas, un importante número de trabajadores quedó sin empleo en Las Tejerías,la tercera zona industrial per cápita del país.

Unidos en oración

Noel Contreras no sabe cuál será su destino laboral. Trabajaba en una ferretería que tuvo pérdidas de al menos 70%. Hoy recuerda con nostalgia lo que fue Las Tejerías, cuya población se estima en 54.392 habitantes.

“Vivíamos tranquilos, con los problemas normales que enfrenta todo el país, debido a la crisis económica. Todos dependemos de nuestro trabajo. No tenemos riquezas y vivimos del día a día. Nunca pensamos ser testigos de algo tan feo y nuestra aspiración es que nos recuperemos, así como lo hizo el estado Vargas, y seguimos esperanzados en encontrar a los desaparecidos con vida. La fe la mantenemos intacta”, declaró Noel Contreras.


Empezamos a ver muebles, camas y personas que eran arrastradas por la corriente. Nosotros decidimos cerrar el negocio, pero el agua tumbó la Santamaría. Se cayeron las casas y las torres eléctricas Lo más impresionante fue ver a la gente montada sobre cosas en el río, en un intento por salvarse

Armando Durán, habitante de Las Tejerías

El sentimiento de Contreras lo comparten los habitantes de Las Tejerías, quienes, sin distingo de color ni ideología, se han solidarizado con el dolor de sus vecinos, unidos en oración, con un mismo norte: ayudarse entre sí para que Las Tejerías se levante.  

*Algunos nombres fueron cambiados a petición de los entrevistados 

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