Diego, Mariángel y Saraí caminan días enteros. Los dos primeros lo hacen para llegar a Ecuador, y la última, para regresar a Venezuela. En estas historias los tres confluyen en una ciudad del sur de Colombia que queda cerca del límite con Ecuador

Por: Milagros Palomares

Este trabajo forma parte del especial Inocencia desplazada, realizado con el sello de Hijos Migrantes en alianza entre Historias que Laten, El Pitazo y el Proyecto Migración Venezuela del Grupo Semana de Colombia.

En Ipiales, ciudad colombiana que limita con Ecuador, confluyen los migrantes venezolanos que se dirigen a otros países ubicados en el sur del continente. Allí, tres niños venezolanos narran sus historias de migración: sus vivencias y aspiraciones.

Diego, de 10 años, ha caminado durante 32 días unos 1.400 kilómetros. Pero todavía le falta mucho por recorrer. Su destino es Quito, en Ecuador. Diego lleva encima de su espalda unos patines. Se los regalaron en el camino y no se los ha estrenado, pues espera llegar a su destino.

Mariángel, de 11 años, emigró a Colombia, a la ciudad de Meta, a principios de 2020. En Venezuela solo podían comer arepa untada con mantequilla o queso en el desayuno y en la cena. Por unos meses lograron mantenerse en Meta, pero la llegada del Covid-19 trastocó nuevamente la tranquilidad de la familia y, esta vez, emprendieron rumbo a Ecuador.

Saraí, de 12 años, viene de regreso a Venezuela. Su viaje empezó en Ecuador, donde debía trabajar a diario llenando contenedores con cajas de banano prémium. Debía quitarle la flor a los racismos, una actividad que le pelaba las yemas de los dedos.

Lee la historia completa en Huir a pasos pequeños.

Todas estas historias se pueden leer, escuchar y ver en el especial
Inocencia desplazada

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