Con la llegada de Gustavo Petro a la presidencia de Colombia, su Gobierno restablece las relaciones con el régimen venezolano de Nicolás Maduro. ¿Qué significa esto en América Latina y cuál será la postura de Estados Unidos?

La jugada de Gustavo Petro, de la última semana, de restablecer las relaciones con el Gobierno de Nicolás Maduro supuso un giro radical en la política exterior de Colombia. Para muchos, los más moderados, la decisión era necesaria porque Venezuela y Colombia tienen diversos temas de seguridad y comercio que atender.

En su momento, la ruptura diplomática obedeció a que el anterior presidente de Colombia cuestionó las elecciones de Venezuela en 2019 por fraudulentas y, en efecto, desconoció la legitimidad de Nicolás Maduro. La decisión, respaldada por otros 50 países, tenía el objetivo de aislar al gobierno actual para impulsar su salida. Pero la estrategia no funcionó, y mientras Iván Duque ya terminó su período, Maduro hoy tiene más reconocimiento que hace tres años.

Petro movió sus fichas. Sus primeras decisiones de política exterior lo alinean con la creciente presencia de la izquierda en los gobiernos de América Latina y ello podría alejar a Colombia de Washington, su histórico aliado. Sobre todo, si en noviembre los republicanos ganan las elecciones legislativas y obtienen mayor influencia sobre las relaciones de Estados Unidos con sus vecinos.

Pero sería ingenuo pensar que el bloque de izquierda actual en América Latina puede cohesionarse como en las décadas pasadas. Adam Isacson, director del programa de veeduría de Defensa de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos, advierte que existen diferencias importantes: “Esta vez no hay un Hugo Chávez. No hay un presidente muy carismático con muchos recursos que esté empujando a los demás. Ahora los presidentes izquierdistas vienen de muchos sabores. De hecho, Gabriel Boric y Daniel Ortega tienen muy poco en común, pero pueden estar en las mismas reuniones y eso es algo que vamos a ver más y más. Pero también carecen de los recursos que tenía Lula durante el boom de Brasil en los años 2000, y Hugo Chávez, durante el boom petrolero de esa misma época. Van a ser más variados y más pobres. Pero en mayor número que en el pasado”.

Isacson considera que, por esta circunstancia, aunque Petro reconozca a Maduro, mantendrá sus distancias. No cree que el reconocimiento se convierta en un abrazo fraternal, pues obedece a intereses pragmáticos.

En la misma línea, el experto estadounidense explicó, en conversación con CONNECTAS, las posturas desde Estados Unidos: “Hay dos tendencias sobre Venezuela. Una en el gobierno de Biden y en el Partido Demócrata, que es bastante realista. Dice que Estados Unidos tiene intereses en América del Sur en temas de petróleo y en la seguridad en la región. Entonces, aislar a Venezuela no funciona; de hecho, fortalece a la dictadura y hay que buscar canales de comunicación. Ellos no ven con malos ojos lo que trata de hacer Petro, porque son muy pragmáticos. Los republicanos son mucho más cautelosos y prefieren seguir aislando a Venezuela, incluso con el apoyo de varios demócratas de centro. Ellos quieren seguir con la misma política de aislamiento, de no reconocimiento, bloqueo y sanciones. No quieren cambiar y ven esos pasos pragmáticos, algunos casos, como debilidad y en otros como traición”.

Por eso, Isacson considera que las elecciones legislativas de Estados Unidos, en noviembre, son determinantes: los republicanos pueden ganar el control del Congreso. Y comenta que también hay que prestar atención al juego político preelectoral donde los candidatos demócratas no querrán perder el estado de Florida. En este, el voto mayoritariamente republicano de venezolanos, colombianos y cubanos nacionalizados también tiene gran peso. Entonces, parte de los demócratas pueden sumarse a la postura crítica frente a estas decisiones de Petro.

Ganar, ganar

El 11 de agosto, Petro y Maduro nombraron a sus embajadores, Armando Benedetti y Félix Plasencia, respectivamente. De acuerdo con un análisis publicado en un hilo de Twitter por Mariano de Alba, asesor sénior de la ONG International Crisis Group, el proceso de normalización de las relaciones empezó por el punto pragmático: el comercial. Para él, “Benedetti también fue clave para que Petro lograra sentarse con actores del sector privado colombiano, buscando construir confianza”. Y en otro tuit agregó: “Para Maduro sigue siendo clave tratar de impulsar una recuperación económica. Colombia podría ser relevante y Plasencia ofrece la experiencia de haber buscado oportunidades en Emiratos Árabes Unidos, Catar, Nigeria y Serbia, y estrechar lazos con Rusia, Turquía, Irán y China.”

Benedetti respondió de inmediato a su nombramiento con una publicación en Twitter, en la que aseguró que buscará sorprender a Petro al alcanzar los 10.000 millones de dólares en intercambios comerciales, aunque no precisó en qué plazo lograría esa cifra.

El ministro de Comercio de Colombia, Germán Umaña, fue más moderado. Explicó que para 2026 se espera que el comercio entre ambos países ascienda a 4.500 millones de dólares.

La euforia está justificada, porque con el cierre de las fronteras en 2015, y la ruptura de las relaciones en 2019, el comercio entre ambas naciones se limitó a la informalidad. Así lo comentó a CONNECTAS. Luis Alberto Russián, presidente de la junta directiva de la Cámara de Integración Económica Venezolano Colombiana (Cavecol): “Por falta de confianza se cerró la frontera. Una de las más vivas y con mayor nivel de intercambio. Ha tenido un impacto importante en lo comercial, porque 60% del comercio entre Venezuela y Colombia pasaba por esas fronteras a través de las aduanas como comercio formal. Y las exportaciones que hacía Venezuela a Perú, Ecuador y todos los países andinos, en su mayoría, iban vía terrestre”.

Russián explica que con solo formalizar el comercio actual se producirá un incremento importante en el intercambio. Significará también la recuperación de la infraestructura en los puntos fronterizos, generará empleo y, además, el pago de impuestos a ambos lados. “Es una señal a nivel regional de que dos de las economías medianas significativas (de América Latina) van a poder coordinar esfuerzos. (Antes) había un distanciamiento en cuanto a los modelos de desarrollo”.

Por ello, Russián evalúa de manera positiva que Caracas y Bogotá reanuden su comunicación, pues eso creará los espacios para conversar las brechas y desacuerdos y establecer puntos de oportunidad para ambas naciones. Sin embargo, subraya la importancia de que discutan y acuerden las bases sobre las que se realizará el comercio y las posibles vías para la resolución de futuros conflictos. Advierte que para que esta medida realmente tenga éxito se debe mantener en el tiempo y generar confianza en el sector empresarial.

Temas esenciales, intereses opuestos

Colombia y Venezuela restauraron sus relaciones diplomáticas, pero quedan las secuelas de años de divergencias políticas. En Colombia viven exiliados varios dirigentes opositores al Gobierno de Maduro, como es el caso de Julio Borges, miembro del partido opositor Primero Justicia, a quien el Gobierno venezolano acusa de un presunto intento de asesinato contra el presidente. Por su lado, Colombia ha solicitado a su contraparte la extradición de Aida Merlano, exsenadora que permanece en territorio del país vecino para evadir una condena a 15 años de cárcel por fraude electoral.

En temas de seguridad también hay desencuentros. Venezuela es un gran aliado de Irán, China y Rusia, potencias enemigas de Estados Unidos y lleva a cabo ejercicios militares con tropas de estos países. Por eso, en Estados Unidos la tendencia pragmática “será debilitada si hay un incremento de la presencia o de la influencia de China y Rusia. De hecho, una razón de los pragmáticos para continuar los intercambios y contactos, tanto con Maduro como con Petro, es tratar de negar espacios” a estos países, explica Isacson.

Por otro lado está el tema de la presencia en, por lo menos, seis estados de Venezuela de grupos armados de Colombia que se desmarcaron del proceso de paz, como las disidencias de las Farc, o que no han avanzado en los diálogos, como el ELN. Este último, como dice Isacson, hoy es prácticamente “una guerrilla binacional”, por lo que si el Gobierno de Petro quiere materializar su política de paz total, deberá tener el respaldo de Maduro.

Sin embargo, hay que considerar que expertos y expresidentes colombianos han denunciado que cuentan con la protección y apoyo del Gobierno chavista. Isacson concuerda: “No hay mucha voluntad política y creo que hay bastantes oficiales y miembros de la clase dirigente de Venezuela que se están beneficiando de ese estatus quo, por la corrupción y por la colusión. Pero, a pesar de esto, hay grupos criminales en territorio venezolano y la inseguridad en esos estados está llegando a niveles de pesadilla. Aunado al hecho de que tal vez, por primera vez, hay un gobierno colombiano más amable pidiendo que, por favor, haga algo sobre eso. No es Uribe o Duque regañándolos. Es un gobierno de izquierda diciéndoles ayúdenos. Eso puede cambiar la dinámica”.

El tiempo definirá qué tan pragmático y tan de nueva izquierda será Petro al reconocer un régimen tan cuestionado en sus credenciales democráticas como el venezolano. El tiempo también nos contará qué decidirá Maduro frente a los temas de seguridad que le interesan a Colombia y a Estados Unidos. Aunque su discurso está apegado a la izquierda tradicional y debe mucho dinero a China y a Rusia, también es cierto que Maduro se distanció un poco de Moscú para aprovechar la oportunidad de reanudar las negociaciones petroleras con Estados Unidos en plena invasión de Rusia a Ucrania. Al final, también existe un Maduro pragmático.

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Grisha Vera es miembro de la mesa editorial de CONNECTAS

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