El chavismo desembolsó más de 40.000 millones de dólares para financiar un sistema de educación superior paralelo a las universidades autónomas que tiene como foco ideologizar y buscar la defensa de sus políticas, en detrimento de la excelencia académica. Con esos fondos, destinados algunos a universidades que nunca se inauguraron, los gobiernos de Chávez y Maduro lograron debilitar a las universidades autónomas en Venezuela, llevándolas a la ruina

Universidades en Rojo es un especial periodístico de El Pitazo y Connectas que muestra la destrucción de la educación superior en Venezuela, los fondos millonarios destinados para construir universidades que hoy son elefantes blancos y la asfixia presupuestaria a las universidades que se resisten al control gubernamental. También muestra cómo la discriminación idelógica dejó a estudiantes sin la posibilidad de cumplir sus metas en la formación universitaria.

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Desde que el chavismo llegó al poder ha desembolsado más de 40.000 millones de dólares para financiar un sistema de educación paralelo que está enfocado en ideologizar y buscar la defensa de sus políticas y no en la excelencia académica. Parte de ese dinero se invirtió en proyectos de nuevas universidades que nunca se inauguraron.


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Los gobiernos de Chávez y Maduro debilitaron y asfixiaron a las universidades autónomas de Venezuela a través de casi una veintena de acciones, llevándolas a la ruina de sus infraestructuras y el desmantelamiento de sus bienes. Desde 2008 aplica recortes a los presupuestos que estas solicitan, otorgándoles incluso menos del 99% de lo que necesitan. Mientras tanto, invierte millones de dólares en sus programas de educación superior.


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El plan comenzó en 2003 con la creación de la Misión Sucre, anunciada por el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez, quien convirtió esta figura en el primer bastión de transformación hacia la educación superior paralela, junto a la Universidad Bolivariana de Venezuela, creada el mismo año. Esta Misión recibió más de 7.167 millones de dólares entre 2004 y 2017, según cálculos de esta investigación hechos a partir de datos expresados en presupuestos nacionales, memorias y cuentas y créditos adicionales.


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El chavismo creó en 2007 otra estructura similar: la Misión Alma Mater, cuyo objetivo era fortalecer la Misión Sucre y expandir el sistema bolivariano de educación superior. La expansión llevó al gobierno a controlar un total de 61 instituciones, entre universidades e institutos universitarios, de las 71 públicas que hay en Venezuela.


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La Misión Alma Mater prometió, además, la construcción de 27 nuevas universidades. Esta investigación determinó que, tras una inversión estimada en más de 782 millones de dólares para la construcción de esas nuevas universidades, solo se inauguró una de las 27 prometidas en este programa, una obra que, incluso, todavía no está terminada.


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La Universidad Indígena de Amazonas forma parte de la Misión Alma Mater, la promesa anunciada por Chávez en septiembre de 2007. A pesar de haber recibido fondos millonarios para una construcción que alcanzó el 70% de ejecución, la obra está paralizada desde 2015. La que iba a ser la Universidad Internacional del Turismo, ubicada en el estado Vargas, también quedó en el olvido, con una construcción hecha en más de 50%.


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La asfixia presupuestaria a las universidades que se resisten a doblegarse ante el gobierno se estableció oficialmente en 2005, cuando el gobierno de Chávez decretó que ya no concertaría el presupuesto con las universidades, como se venía haciendo desde 1992. A partir de entonces, el gobierno bolivariano se fue quedando con el control económico, administrativo y académico de las universidades, a través de casi una veintena de acciones que violan la autonomía universitaria.


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En la investigación se conocieron cuatro casos de estudiantes que sufrieron por la discriminación dentro de las aulas de instituciones controladas por el gobierno. Rafael Avendaño quería ser médico y por cambiar el canal de televisión del Estado a un canal privado le dieron una “baja temporal por opositor” y no le permitieron volver a sus clases. Otros jóvenes, como Andry Sarmiento, miembro de la comunidad indígena jivi y quien soñaba con estudiar en la Universidad de Amazonas, vio frustrada su ilusión por la paralización de esta obra.

Los invitamos a leer el especial Universidades en Rojo para conocer más detalles

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