Cuentos de cuarentena –33–

Abro la ventana para dejar salir a un pajarito que quedó atrapado en la cocina. Él no necesita estar pendiente de si hay una alcabala para poder entrar o salir. Si la ventana–alcabala se cierra, yo soy su salvoconducto. Es el único ser vivo que entra y sale de mi casa sin mascarilla, sin lavarse las manos y no tiene restricciones de movilidad. ¿Cuatro meses de confinamiento son demasiados o pocos? Esto me lo pregunto yo, él no se pregunta nada. Su misión es volar y comer de los árboles que le sirven de puente hasta mi casa.

El sol pega a la pared de la cocina, entra un poco de brisa y de repente siento un fuerte olor a mar, a salitre. La memoria también puede ser salvavidas: calor y brisa, mar y salitre. Por unos segundos estoy en la playa, por unos segundos no hay confinamiento, no hay Covid-19, no hay ansiedad, no hay problemas.

CINZIA PROCOPIO


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